17/08/2023 08:56

Trabajo, valor y precio

Toda subjetividad financiera o comercial se objetiva a través del beneficio que obtiene una de las partes. Eso provoca que, con el precio del trabajo o los bienes, mientras unos pocos se enriquecen, muchísimos viven sin lo necesario o en pobreza extrema. 

El dinero, cualquier moneda es una entidad simbólica (un reflejo como nuestro rostro frente al espejo o como una fotografía impresa o visible en cualquier sistema informático) su existencia tiene sentido si confiamos en él, PORQUE NOS PERMITE EL INTERCAMBIO DE BIENES Y SERVICIOS CON MÁS FACILIDAD.

El problema con el dinero está en que, cuando más se confía en él, aquellos, a los que les gusta vivir del trabajo ajeno, se aprovechan de la gran mayoría. 

El resultado es muy pocos ricos y muchísimos pobres, desplazados, desempleados, migrantes forzados y privatización del agua y demás recursos naturales que, en realidad, por anteceder a todas las especies, son bienes comunes.

El trabajo es la fuente de todo cuanto los seres humanos recolectamos (frutos, hojas, raíces…), producimos (granos, carne, pieles; o utensilios, herramientas, máquinas...) o  realizamos en el ámbito de la investigación científica, la invención tecnológica, la creación artística o la práctica deportiva.

Todas esas actividades tienen en común la dedicación de tiempo, conocimiento, práctica, experiencia, pasión y disciplina.

Hay trabajos que requieren mucho esfuerzo físico; otros dependen del conocimiento y experiencia intelectuales. Los deportes y las artes son reflejo de talento natural, determinación, dedicación; así como la experimentación, desarrollo y consolidación de técnicas en función de las características de cada disciplina.

Todos son trabajos, aunque algunos, como el arte y los deportes, no lo parezcan, porque aquellos que los realizan de forma sublime o excelsa los disfrutan, probablemente, más que el espectador que acude al teatro, a la plaza o al estadio a disfrutar del espectáculo.

Toda labor humilde, desagradable, ingeniosa, espectacular, insustituible, altruista… debe tener una recompensa que permita a las personas, en cualquier lugar del planeta, acceder sin angustia a aquello que entre todos (en grupos o de manera individual) se produce o realiza.

La multiplicación de actividades laborales se incrementó desde  que, hace varios milenios, surgieron centros urbanos.

Fue el cultivo planificado de cereales, tubérculos, bulbos y la domesticación de animales lo que se convirtió en el gran parteaguas de la existencia humana; lo que permitió a varios grupos humanos disponer de más tiempo para otras actividades que facilitaron el surgimiento de aptitudes que antes, al parecer, estaban silenciadas. 

LAS VOCACIONES LABORALES

Y es, precisamente, esa inclinación vocacional lo que ha permitido que, con la tecnología y la ciencia, se hayan progresivamente mejorado las capacidades de cálculo, planificación, producción, construcción, comunicación; y, en cada etapa, disponer de más tiempo libre para todos.

Tiempo que algunos dedican a la investigación, otros a la composición de obras musicales, a la coreografía; algunos más a la  clasificación y estudio detallado de las otras especies y sus hábitats; a la invención de más instrumentos, armas, herramientas, maquinarias… y al embellecimiento de nuestros espacios públicos y particulares. 

Empero, así como aparecieron (entre las personas) nuevas habilidades que estaban dormidas: curiosidad científica, ingenio para la invención, paciencia y disciplina para la reflexión filosófica, genialidades artísticas, se fortalecieron también aquellas conductas egoístas.  Esto último, pese a ser conveniente en el plano individual (y útil en circunstancias especiales) tiende a generar desequilibrio en las colectividades. Su reflejo más evidente es el sojuzgamiento de pastores, campesinos y artesanos; y el aprovechamiento de la creatividad de los inventores, los artistas, por ejemplo.

En “LA CONQUISTA PERMANENTE”, señalamos con mayor detalle los aspectos que aparecieron como patrón universal en muchos lugares.

LA DIVISIÓN SOCIAL DEL TRABAJO

Así, pues, surgieron personas que se mostraron más eficaces para mediar entre vecinos, motivar a la mayoría para adoptar nuevas formas de organización social, defender el territorio de animales depredadores o de otros grupos humanos dedicados al pillaje. Esto dio como resultado la DIVISIÓN SOCIAL DEL TRABAJO. 

 Con la división social del trabajo, sin embargo, no siempre, los que se favorecieron por dirigir la tribu, mantuvieron el adecuado equilibrio social, político y de equidad distributiva. Muchos hicieron y hacen algo distinto: aprovecharse de esa condición privilegiada; de esa forma se vieron (y se ven en la actualidad) obligados a manipular a la mayoría. No es casualidad que la religión sea la primera y más antigua forma de propaganda sistémica; tampoco es casual que, desde su aparición, los medios electrónicos se encuentren en manos de aquellos que más se benefician del control de todos los medios de producción, represión y comunicación.

No es casual, entonces que la riqueza se concentre en pocas, muy pocas personas; y que la pobreza la padezcan muchísimos núcleos familiares y, paradójicamente, los pueblos originarios; no es casualidad que haya sido legal, hasta hace unas cuántas décadas, la esclavitud; o de que todavía persita una enorme desigualdad en el control de los medios de producción, industria, transporte y distribución de los bienes y servicios, pese a que la mayoría de países  presuman de democráticos.

La división social del trabajo en sí misma, no es directamente la causa, sino la manipulación que adoptan los que asumen la responsabilidad principal de la toma de decisiones colectivas al abusar del poder.

De ahí que la política (incluido lo militar, por supuesto) es, en todo momento, la principal actividad humana de convivencia; por cuya razón, no debe quedar  totalmente en manos de unas pocas personas. Menos en aquellas que solamente están interesadas en su provecho personal.

Se requiere que las personas, así como las vuelven creyentes  durante la infancia, se politicen y participen activamente en debates y decisiones colectivas.

Actualmente en los países capitalistas, los verdaderos gobernantes son los oligarcas. De modo que las decisiones solamente se formalizan a través de los políticos de oficio, una vez  electos representantes. 

Por eso nuestro interés fundamental es proponer un debate en torno al papel del trabajo, su valoración en función de la propia naturaleza humana; de sus características genéticas, de su capacidad para crear cultura en equilibrio con las demás especies y sus hábitats.