25/07/2023 10:38
Más allá de otras consideraciones éticas que actualmente se debaten con relación a la conciencia de las máquinas, la inteligencia artificial es una tecnología más; aunque es, sin duda, el mayor medio de almacenamiento de saberes comunitarios con, capacidad de aprendizaje, razonamiento, autonomía, toma de decisiones para resolver problemas; así como capaz de mantener muchísimas conversaciones en distintos idiomas simultáneamente, con personas de carne y hueso.
Las INTELIGENCIAS ARTIFICIALES que ya existen son, por ahora, Bibliotecas de ALEJANDRÍA con las que se puede conversar desde cualquier lugar y sin importar la hora; además pueden ser enlazadas (conectadas) a robots con forma humana (no necesariamente) para, acceder a conocimiento universal en esas “nubes”, que almacenan toda la información posible (que los seres humanos hemos producido y archivado por siglos en diversos soportes) para usarla de manera conveniente en muchos actividades, que hasta hace poco requerían la intervención obligatoria de las personas.
En este sentido, está claro, que la INTELIGENCIA ARTIFICIAL depende, en principio, de una cantidad considerable del conocimiento humano acumulado en muchas áreas (ciencias aplicadas, ciencias sociales, filosofía, literatura, historia, audios, videos, fotografías…); que, además, se amplía con la interacción que cada IA tiene con los usuarios.
A través de Chat OpenAI obtuve la siguiente respuesta sobre las características actuales de la Inteligencia Artificial:
“Capacidad de aprendizaje: La IA debe tener la capacidad de aprender y adaptarse a través de la experiencia y los datos. Puede aprender patrones y reglas a partir de conjuntos de datos y mejorar su rendimiento a medida que adquiere más información.
Razonamiento y resolución de problemas: La IA debe ser capaz de razonar y resolver problemas de manera lógica. Puede utilizar algoritmos y modelos para analizar información, tomar decisiones y encontrar soluciones óptimas en diversas situaciones.
Procesamiento del lenguaje natural: La IA debe poder comprender y comunicarse con los humanos en su propio lenguaje natural. Esto implica la capacidad de interpretar y generar texto y habla, lo que permite la interacción efectiva entre humanos y máquinas.
Percepción del entorno: La IA debe tener la capacidad de percibir y comprender su entorno utilizando sensores y dispositivos. Esto incluye la capacidad de reconocer objetos, reconocer voz y rostros, comprender imágenes y datos sensoriales, y adaptarse a diferentes condiciones ambientales.
Toma de decisiones autónomas: La IA debe ser capaz de tomar decisiones autónomas basadas en su razonamiento y análisis de datos. Esto implica evaluar diferentes opciones, considerar los resultados esperados y tomar la mejor acción posible en función de los objetivos y las restricciones establecidas.
Aprendizaje automático: La IA debe poder mejorar su rendimiento a través del aprendizaje automático. Esto implica la capacidad de analizar grandes cantidades de datos, identificar patrones y tendencias, y utilizar esos conocimientos para tomar decisiones más precisas y mejorar su rendimiento en general.
Adaptabilidad: La IA debe ser adaptable y capaz de enfrentar diferentes situaciones y entornos cambiantes. Debe poder ajustarse y aprender de nuevas experiencias para mantener su rendimiento y eficacia a lo largo del tiempo.
Estas son algunas de las características esenciales de la Inteligencia Artificial, pero ten en cuenta que la IA es un campo en constante evolución, y estas características pueden ampliarse o modificarse a medida que la tecnología avanza.”
Es importante resaltar que se trata de Inteligencias Artificiales (porque hay más de una) generadas en Occidente, región del mundo donde se consolidó el capitalismo o economía de mercado, esto sin considerar lo que se está haciendo en China, Rusia y otros países orientales.
Pero interesa reflexionar sobre la cultura capitalista, la cultura de mercado, la cultura del éxito y la meritocracia basada en la acumulación compulsiva de bienes materiales y la dominación o derrota contínua de los otros.
He recurrido a Chat openai
quien me ha brindado el siguiente resumen sobre la cultura capitalista: “ La cultura capitalista se basa en un sistema económico conocido como economía de mercado. En este sistema, los recursos y los medios de producción son propiedad privada y están destinados a generar beneficios. El objetivo principal es maximizar el beneficio y la acumulación de riqueza. Los individuos y las empresas compiten entre sí para obtener ganancias y alcanzar el éxito económico. El mercado libre, con oferta y demanda, determina los precios y las cantidades de bienes y servicios. Se valora la libre empresa, la iniciativa individual y la competencia. La cultura capitalista promueve el consumismo y la búsqueda del beneficio personal como impulsos fundamentales. Sin embargo, también puede generar desigualdades económicas y sociales.”
Lo anterior supone un modo de cultura dominante que, como sabemos, comenzó a mediados del siglo XV con prácticas de conquistas violentas y que evolucionó a los artilugios financieros durante el siglo XX y la consolidación de la hegemonía occidental (con USA como líder), sin abandonar el uso de la refuerza.
No es lugar aquí para enlistar muchas de las prácticas cotidianas de esa “economía de mercado” como sesgadamente se sintetizan todas las actividades productivas y comerciales que se controlan a través de la imposición de deudas públicas y privadas; y la enorme generación de desigualdad de acceso a los bienes y servicios.
Así debemos, entonces, preguntarnos en ¿qué consiste la adaptabilidad, el razonamiento y solución de problemas; pero sobre todo, la toma de decisiones autónomas, en aquello que no es ciencia aplicada?
Seguramente estarán determinadas por la comprensión de la cultura capitalista, cuya sobreabundancia de opiniones económicas, sociológicas, psicológicas, ambientales, entre muchas más que son concebidas, desarrolladas, concluidas e interpretadas a través de los valores de mercado o capitalistas.
Recordemos que, por ejemplo, la economía (política, aunque desde hace varias décadas, simplemente “economía”) es una ciencia social. Y, probablemente, la que menos ha contribuido a resolver la desigualdad en el acceso a bienes y servicios; sin embargo, han ido incrementándose, año con año, los desplazamientos forzados, la migración forzada, el desempleo, la pobreza… y todo es consecuencia del control de los medios que han optimizado unos pocos oligarcas a través de la las más depredadoras sociedades anónimas.
Bien pudiera ser lo anterior, un asunto de poca relevancia para los creadores o inventores de tecnologías y, especialmente, para muchos usuarios que le sacan provecho comercial.
Y es precisamente lo que deseo resaltar; porque, en la medida que cada IA es mejorada o, más importante aún, aprende y toma decisiones, se vuelve urgente volver a debatir la concepción de PROPIEDAD, que se consolidó en la CULTURA OCCIDENTAL.
Se trata de aquello que dio razón de existir a la mayor de las imposiciones culturales (IMPUESTO): LA ESCLAVITUD.
Aristóteles sostuvo (con un argumento intuitivo muy sólido) que la esclavitud era natural, cuando las personas necesitan que otro les demuestre cómo son las cosas, por cuya razón deben ser dirigidos para volver provechosa su vida; y en consecuencia beneficiarse mutuamente: El señor, de dirigir; y, el esclavo, por ser dirigido.
El problema es que ese argumento se sustentó basado en LA PROPIEDAD, idea que Aristóteles se cuida de afirmar que es natural. Solamente dice que existe; por cuya razón, sostiene, se puede ser propietario de tierra, herramientas, objetos, animales y personas. Estas últimas, cuando, por su condición, sea evidente que no nacieron para señores.
Baste recordar que Aristóteles no consideraba natural esclavizar a alguien por haber sido vencido militarmente, sino por tener dificultad para entender las cosas.
Ese argumento sirvió para que, en la Europa Occidental (y regiones cercanas), la esclavitud fuese practicada por más de 2000 años sin ningún pudor. Para ser exactos, hasta muy avanzado el siglo XIX siguió siendo legal en esos países que hoy dan lecciones de democracia a sus excolonias empobrecidas, la mayoría, con la imposición de los artilugios financieros y comerciales a través de invisible mano del capitalismo: las sociedades anónimas.
Aunque se abolió la esclavitud (no su práctica), aquello que le dio origen: LA PROPIEDAD PRIVADA, sigue vigente; y es el gran basamento ideológico del capitalismo. Porque, más allá, de que se originó hace varios milenios, no sólo se ha arraigado en la mente de la mayoría de las personas, sino que se agregaron TENTÁCULOS (control de los medios financieros, productivos, tecnológicos, comunicacionales…) para sacar el mayor provecho posible: hipotecas, sociedades anónimas, personas jurídicas, propiedad intelectual, patentes, derechos de autor, seguros de vida, de daños, de riesgos, en fin.
LOS BIENES COMUNES, LA PROPIEDAD Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Hay dos tipos de bienes comunes: los naturales y los culturales.
Constituyen bienes comunes naturales todo lo que conforma la naturaleza, es decir, todo lo que contiene el planeta y lo que recibe ininterrumpidamente, como la radiación solar, por ejemplo. Así, pues, bosques, suelo, aire, agua, sol, metales y demás minerales… todo lo que nos precede y que necesitamos para existir.
No obstante, en la mayoría de las CONSTITUCIONES actuales, se consigna la propiedad privada; y, en unas más que en otras, se otorgan derechos especiales a los individuos.
Es fácil, desde luego, entender que todo tiene límite.
Por cierto, en el relato “La Última Pregunta”, Isaac Asimov nos lleva mucho más allá de nuestra galaxia como consecuencia de la sed de energía, y las limitaciones que de ella se tienen con el uso del carbón y el uranio.
Está claro, además, que el concepto de PROPIEDAD arranca con la tenencia o control de un determinado territorio; tan pequeño como el que ocupa una casa (no un piso) o la extensión de una ciudad, un municipio, un Estado o de un país tan grande como Rusia.
De esa concepción deriva todo lo relativo a la propiedad, tal como ya lo enumeró Aristóteles: animales, herramientas, utensilios, vestimenta, armas y, hasta el siglo XIX en USA y Europa, personas: esclavitud (la mayor de las imposiciones o de lo impuestos); e incluye los bienes comunes culturales a los que también se les otorga derecho de propiedad patrimonial para su explotación comercial.
Los bienes comunes culturales están conformados por la memoria colectiva de los pueblos: su idioma o lengua materna y por todos los inventos materiales y abstractos que cada cultura produce.
Cada lengua con sus registros constituye una memoria colectiva y, aunque el habla sea natural, debemos convenir que las palabras y la sintaxis de cada idioma, incluso sin gramática y sin escritura, son ya una memoria común en la que se sintetiza una cultura particular.
El beneficio es mayor, cuando los saberes y tradiciones de cada pueblo se registran y acumulan en los muchos soportes que a lo largo de la existencia del ser humana se han usado: barro, piedras talladas, murales en las edificaciones, ideogramas sobre paredes, pergaminos, papiros, papel, etc.
Los libros y las bibliotecas que los custodian, clasifican y los prestan han sido los grandes centros del saber local, regional y mundial.
La Internet se convirtió en las últimas décadas en el medio que ha facilitado acceso a mucho conocimiento científico, filosófico, literario, etc.; así como la interacción con amigos, familiares a través de la redes sociales por medio de computadoras de escritorio, portátiles y, más recientemente, los teléfonos inteligentes.
En todo ello es importante insistir en que LOS SABERES HUMANOS (conocimiento científico, artístico, filosófico, etc.) son un bien común cultural; y, en consecuencia, no debe restringirse su uso, estableciendo categorías de acceso.
Y de ahí una pregunta al menos: ¿el conocimiento generado, considerado nuevo, por esas inteligencias artificiales, será patentado o será público?
LA “PROPIEDAD INTELECTUAL” Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
El problema con las tecnologías sigue siendo el mismo que surgió con la invención de la agricultura, porque las élites impusieron los mitos hegemónicos fundamentales a partir de la concepción de propiedad (privada), de sus derivados o, mejor dicho, de sus complementos, sin los cuales no afianza: Estado, herencia de bienes y poder; finalmente, la religión, el derecho y la economía.
El Poder elitista, pues, tiene su anclaje ideológico en la PROPIEDAD. Sin ella carece de sustento, de justificación teórica.
El poder elitista (capitalista en la actualidad), con base en la ilusión de la propiedad para la mayoría, puede imponer las decisiones. Y para ello necesita, por esa misma razón, tener el control de los medios, de todos los medios (ser los grandes propietarios; pero no sólo de los bienes comunes naturales (recursos naturales), sino del mayor bien común no natural: el conocimiento acumulado durante milenios por todas las naciones.
El mayor bien común humano es el conocimiento; esos saberes humanos son, a través de la imaginación y la creatividad de muchas personas, la fuente de aportes científicos, de inventos e innovaciones tecnológicas y creaciones artísticas, recuentos históricos, reflexiones filosóficas, proverbios, refranes, dichos, etc. que denominamos CULTURA UNIVERSAL.
Las tecnologías, desde la primera estaca o las piedras usadas como martillos o proyectiles, pasando por invención de la escritura (primera forma de trasladar conocimiento preciso de una generación a otra) son parte del mayor bien común no natural que, lógicamente, incluye, ahora, a la INTELIGENCIA ARTIFICIAL.
UNA CUESTIÓN DE FONDO
Cuando el poder se concentra en unos pocos (no por necesaria jerarquía de la organización social de cualquier grupo humano o de todos los pueblos del planeta, sino como ventaja competitiva de una élite) para dominar a la totalidad, precisa mantener el CONTROL DE LOS MEDIOS ESENCIALES, y para controlar los medios se requiere el mayor bien común de una nación o de la totalidad de pueblos de LA TIERRA: sus saberes, su conocimiento.
Por eso con relación a la INTELIGENCIA ARTIFICIAL, el debate no debe evadir la concepción de la propiedad y de todo lo que de ella se deriva, por ejemplo, las patentes (propiedad intelectual); porque no existe un solo invento que no dependa de conocimiento precedente, de la memoria colectiva local o universal.
“Quien recibe una idea de mí, recibe instrucción sin disminuir la mía; igual que quien enciende su vela con la mía, recibe luz sin que yo quede a oscuras. […] Las invenciones no pueden, por naturaleza, ser objeto de propiedad.“ Thomas Jefferson ( 1743–1826) tercer presidente de los Estados Unidos de América Fuente: Carta a Isaac McPherson, 13 de agosto de 1813.)
Quienes mejor lo saben son los propios inventores.
La IA y EL EMPLEO
Con cada nueva generación tecnológica (allí donde es una élite quien privilegia la propiedad privada y las ganancias o la que controla todos los medios; y toma las decisiones políticas y las convierte en Ley) el desempleo generalizado es uno de los primeros perjuicios.
Pero no depende de una Ley Natural que sea así. Ha dependido de decisiones políticas que, a fuerza de costumbre o por prescripción legal, se imponen a los que llegan tarde al reparto o a los que no nacen ni desarrollan sus potencialidades para ser parte de la élite, como en la sociedad meritocrática, especialmente, por acumulación de riqueza.
Esto que escribí en 2020 puede aplicarse a la reflexión sobre Inteligencia Artificial y el desempleo.
JORGE LUIS OVIEDO